Después de haber recogido 2,6 millones de firmas ciudadanas, una de las expresiones más amplias de respaldo popular a una candidatura independiente en la historia reciente de Colombia, he tomado una decisión de fondo frente al país: me presentaré directamente a la primera vuelta presidencial.
Inicialmente se contempló la posibilidad de participar en una consulta junto a Luis Carlos Reyes y Jaime Araújo, pero esta no avanzó por falta de avales y de condiciones políticas reales para su realización.
Posteriormente, hace 6 días recibí una invitación del senador Iván Cepeda para participar en una consulta promovida por sectores del petrismo. Agradezco el gesto y la invitación, pero he decidido no participar. Lo hago con respeto y franqueza, pero también con claridad frente al país. Colombia no necesita hoy una consulta para cerrar filas alrededor de un balance que aún no ha sido asumido con honestidad. Colombia necesita una conversación nacional seria sobre lo que ha funcionado, lo que ha fallado y el nuevo rumbo que debemos tomar. Volver al camino del cambio
Colombia votó por un cambio profundo y legítimo. Ese mandato no fracasó por la idea de transformación, sino porque fue capturado y condicionado por intereses camaleónicos que frenaron las reformas y desviaron el rumbo de lo que la gente esperaba.
El error no fue soñar con un país distinto. El error fue subordinar ese sueño a pactos e inercias ajenas al mandato popular. Cuando el cambio se negocia, los resultados no llegan y la esperanza se desgasta. Nuestra distancia es política y ética, no personal. Lo demostramos con hechos en Santa Marta
y el Magdalena: sí se puede gobernar con decisión, planificación y resultados cuando el poder está al servicio de la gente. Colombia no puede volver atrás ni quedarse a mitad de camino Colombia ya recorrió el camino de la derecha que prometió orden y dejó más violencia, más des-
igualdad y un país fragmentado. Ese pasado no es opción.
Pero Colombia tampoco puede quedarse atrapada en una transición inconclusa que no se decide a gobernar con firmeza, coherencia y resultados. El país necesita pasar página y abrir un nuevo capítulo. Una izquierda plural y democrática Defendemos una izquierda plural, democrática y no subordinada. La historia latinoamericana demuestra que los procesos transformadores avanzan cuando respetan la diversidad interna, el debate y la autonomía de los proyectos políticos. No creemos en liderazgos mesiánicos ni en la subordinación acrítica a un proyecto que ha abandonado sus principios fundacionales. La izquierda colombiana ha sido, y debe seguir siendo, un proyecto colectivo, con autocrítica y vocación de poder real.
Por esa razón, no participaremos en consultas diseñadas para silenciar las voces críticas o maquillar errores. No fuimos elegidos para callar. Fuimos elegidos para decir la verdad y ofrecer un camino distinto.
Una izquierda con resultados Venimos de gobernar. Venimos de ejecutar. Venimos de transformar realidades. Nuestra propuesta no es teórica ni testimonial: es un modelo probado de gobierno que demostró que el Estado puede servir cuando hay carácter, planificación y orientación a resultados. Hoy Colombia tiene la oportunidad de conocer y elegir directamente un proyecto claro: la izquierda con resultados.
Que las regiones decidan Proponemos un país donde las regiones tengan poder real de decisión. El centralismo ha asfixiado a ciudades y territorios. Cuando las decisiones se toman cerca de la gente, el desarrollo llega.
Colombia necesita avanzar hacia un modelo que fortalezca a sus regiones y reconozca su diversidad. Confrontar ideas, debatir proyectos Por todo lo anterior, he decidido presentarme a la Presidencia de la República el próximo 31 de mayo, con una propuesta de izquierda independiente, que nace de los territorios y está al servicio del pueblo. Este es un proyecto para la juventud que no acepta un futuro de precariedad; para las mujeres que sostienen la vida y exigen igualdad real; para los trabajadores y campesinos que producen la riqueza del país; para quienes sirven desde lo público con honestidad; y para quienes creen
que Colombia puede gobernarse mejor.
Es un proyecto contra la violencia, la desigualdad, el centralismo y el engaño político. En 2026, Colombia podrá elegir con claridad: volver al pasado, quedarse en la transición, o empezar a gobernarse en serio, desde las regiones y para la gente.
Yo ya elegí de qué lado estar. Elegí el lado del pueblo. Ahora, Colombia decide.
El cambio no se abandona, lo retomaremos con más fuerza. Invitamos a quienes creen en una Colombia más justa a ser parte de esta nueva etapa. El sueño continúa. Contigo, hasta la victoria. Después de haber recogido 2,6 millones de firmas ciudadanas, una de las expresiones más amplias de respaldo popular a una candidatura independiente en la historia reciente de Colombia, he tomado una decisión de fondo frente al país: me presentaré directamente a la primera vuelta presidencial. Inicialmente se contempló la posibilidad de participar en una consulta junto a Luis Carlos Reyes y Jaime Araújo, pero esta no avanzó por falta de avales y de condiciones políticas reales para su realización. Posteriormente, hace 6 días recibí una invitación del senador Iván Cepeda par participar en una consulta promovida por sectores del petrismo. Agradezco el gesto y la invitación, pero he decidido no participar.
Lo hago con respeto y franqueza, pero también con claridad frente al país. Colombia no necesita hoy una consulta para cerrar filas alrededor de un balance que aún no ha sido asumido con honestidad. Colombia necesita una conversación nacional seria sobre lo que ha funcionado, lo que ha fallado y el nuevo rumbo que debemos tomar. Volver al camino del cambio Colombia votó por un cambio profundo y legítimo. Ese mandato no fracasó por la idea de trans formación, sino porque fue capturado y condicionado por intereses camaleónicos que frenaron las reformas y desviaron el rumbo de lo que la gente esperaba.
El error no fue soñar con un país distinto. El error fue subordinar ese sueño a pactos e inercias ajenas al mandato popular. Cuando el cambio se negocia, los resultados no llegan y la esperanza se desgasta.
Nuestra distancia es política y ética, no personal. Lo demostramos con hechos en Santa Marta y el Magdalena: sí se puede gobernar con decisión, planificación y resultados cuando el poder está al servicio de la gente. Colombia no puede volver atrás ni quedarse a mitad de camino Colombia ya recorrió el camino de la derecha que prometió orden y dejó más violencia, más desigualdad y un país fragmentado. Ese pasado no es opción.
Pero Colombia tampoco puede quedarse atrapada en una transición inconclusa que no se decide a gobernar con firmeza, coherencia y resultados. El país necesita pasar página y abrir un nuevo capítulo. Una izquierda plural y democrática Defendemos una izquierda plural, democrática y no subordinada. La historia latinoamericana demuestra que los procesos transformadores avanzan cuando respetan la diversidad interna, el debate y la autonomía de los proyectos políticos. No creemos en liderazgos mesiánicos ni en la subordinación acrítica a un proyecto que ha abandonado sus principios fundacionales. La izquierda colombiana ha sido, y debe seguir siendo, un proyecto colectivo, con autocrítica y vocación de poder real.
Por esa razón, no participaremos en consultas diseñadas para silenciar las voces críticas o
maquillar errores. No fuimos elegidos para callar. Fuimos elegidos para decir la verdad y ofrecer
un camino distinto.
Una izquierda con resultados
Venimos de gobernar. Venimos de ejecutar. Venimos de transformar realidades. Nuestra
propuesta no es teórica ni testimonial: es un modelo probado de gobierno que demostró que el
Estado puede servir cuando hay carácter, planificación y orientación a resultados.
Hoy Colombia tiene la oportunidad de conocer y elegir directamente un proyecto claro:
la izquierda con resultados.
Que las regiones decidan
Proponemos un país donde las regiones tengan poder real de decisión. El centralismo ha asfixia-
do a ciudades y territorios. Cuando las decisiones se toman cerca de la gente, el desarrollo llega.
Colombia necesita avanzar hacia un modelo que fortalezca a sus regiones y reconozca su diver-
sidad.
Confrontar ideas, debatir proyectos
Por todo lo anterior, he decidido presentarme a la Presidencia de la República el próximo 31 de
mayo, con una propuesta de izquierda independiente, que nace de los territorios y está al servi-
cio del pueblo.
Este es un proyecto para la juventud que no acepta un futuro de precariedad; para las mujeres
que sostienen la vida y exigen igualdad real; para los trabajadores y campesinos que producen
la riqueza del país; para quienes sirven desde lo público con honestidad; y para quienes creen
que Colombia puede gobernarse mejor.
Es un proyecto contra la violencia, la desigualdad, el centralismo y el engaño político.
En 2026, Colombia podrá elegir con claridad:
volver al pasado,
quedarse en la transición,
o empezar a gobernarse en serio, desde las regiones y para la gente.
El cambio no se abandona, lo retomaremos con más fuerza.
Invitamos a quienes creen en una Colombia más justa a ser parte de
esta nueva etapa. El sueño continúa.
Contigo, hasta la victoria.


